miércoles 14 de septiembre de 2011

EL COMPROMISO DE VUELO

La decisión de la Fuerza Aérea de Chile de hacer firmar a los civiles que transporta un documento en el que "queda exenta de responsabilidad en el transporte de pasajeros y equipaje de carga en razón de los riesgos de vuelo" no puede obedecer más que a un severo estrés como al que ha estado sometida la institución en los últimos días. 

Ningún Juez podría aceptar que un periodista u otra persona al que se le incorpora a un viaje junto al Presidente de la República firma tal compromiso de manera libre y espontánea, sino que simplemente lo hace porque de otra manera queda afuera de la misión que se le ha encomendado. Si la Justicia ha obligado a los malls y otros conglomerados a pagar por daños o robos en los vehículos que se estacionan en sus recintos, aún cuando pongan el famoso cartelito de que no se responsabilizan por lo que ocurra allí, no se ve cómo en caso de un accidente la institución fiscal podría liberarse de asumir lo que sucede en uno de sus vuelos. 

Lo de la firma del compromiso -adoptado para todos quienes el miércoles 14 de septiembre abordaron el avión institucional que los trasladaría desde Santiago a Concepción, según Emol- está fuera de lugar y, desde ya, el diputado Gabriel Silber resaltó que ello "es totalmente ilegal y no tiene validez, ya que el vuelo, de acuerdo con la reglamentación aeronáutica, no es militar”. 

Se ha indicado que ministros, parlamentarios e incluso el Presidente Piñera tuvo que suscribir el famoso papelito, lo que le da un cariz mucho más bochornoso. No hay dudas de que la Fuerza Aérea debe relajarse, porque tiene un problema político comunicacional serio surgido de la tragedia de Juan Fernández, que está marcado principalmente por declaraciones de sus autoridades y por decisiones como la que se acaba de implementar. 

Parece mucho más lógico que la FACH modernice sus protocolos de viaje, de manera de reducir al mínimo posible los riesgos en sus vuelos. Y lo debe hacer no sólo para las misiones en que se incluye a civiles, sino que también al personal uniformado. 

No puede ser que se considere que por el hecho de viajar sólo miembros del organismo se podría ir a un vuelo sin posibilidad de retorno, por ejemplo. No es eso lo que la sociedad puede querer de su gente, sobre todo cuando nos referimos a acciones en tiempos de paz. 

Lo que las autoridades de la FACH debe comprender es que cuando suceden hechos como los registrados en los últimos días se deben investigar todas las circunstancias con el ánimo no sólo de establecer eventuales responsabilidades, sino que mejorar los procedimientos para reducir al máximo los riesgos para otra oportunidad. 

Es de Perogrullo que si la FACH no colaborara en actividades que no están directamente vinculadas con su papel militar tendría menos posibilidades de accidentes, pero suprimir tal aporte significaría a lo menos alejarla de la comunidad. La FACH cuenta, seguro, con el agradecimiento de todos los que por diversos motivos han accedido a sus vuelos. Su personal realiza un trabajo serio y su trato es de gran cordialidad en cada uno de ellos. 

Es común que ante cada aterrizaje surjan aplausos, como ocurre por ejemplo en los vuelos del Avión Presidencial, que por cierto es conducido por personal de la FACH. Y si los civiles siguen subiéndose a sus aviones es porque confían en la experticia de sus pilotos y tripulación. 


De manera que lo aconsejable es realizar los cambios que se requieren con calma y adoptar las medidas que sean necesarias para evitar la mayor cantidad de contratiempos posible. Y esa decisión sí que la firmamos todos.