domingo 4 de abril de 2010

EL MENSAJE, DESDE LA ÓPTICA PIÑERISTA

“Recibí un llamado de Sebastián sacándome la cresta, diciéndome que por qué tenía que decir cuestiones así… que le estaba pegando por dentro. Pero le dije que eso era lo que opinaba, que no era incondicional de nadie y que lo que había dicho eran las cosas que él tenía que cambiar. No fue una conversación tensa, pero sí fue directa y sin rodeos. Él sintió que si de alguna manera yo estaba dentro del sector debía remar para el mismo lado y no decir otras cosas”, dijo hace un tiempo, aún en tiempo de campaña, el abogado y “opinólogo” político-comunicacional Juan Carlos Eichholz a The Clinic.

Hay que preguntarse si el llamado se repitió este domingo, a raíz del artículo “El mensaje” que el abogado piñerista publicó en El Mercurio respecto del desempeño en las primeras semanas del actual Gobierno.

En él señala que el mensaje que ha tratado de implementar la nueva administración es "hacer las cosas bien", pero que, “desgraciadamente, este mensaje se ha visto un tanto empañado en estas primeras semanas, en parte por autogoles y en parte por errores no forzados”.


A continuación in extenso el artículo señalado.



El mensaje

"¿Cómo lidera usted a su equipo?", le preguntó Nelson Mandela a François Pienaar, capitán de la selección de rugby de Sudáfrica en su primer encuentro del 17 de junio de 1994. "Con el ejemplo", le respondió él. "El ejemplo está bien, pero ¿cómo los inspira?", agregó el Presidente.

La conversación, que aparece en la película Invictus, refleja bien la impronta de Mandela y su comprensión profunda de lo que es gobernar. Más allá de hacer frente a los innumerables desafíos de gestión y orden que suponía encabezar el primer gobierno post apartheid en su país, el Presidente sabía que tenía un desafío más profundo: lograr unir a blancos y negros en una misma nación. Para ello requería inspirar, requería un mensaje, cuya expresión simbólica la encontró en el rugby.

¿Cuál es el mensaje que quiere transmitir Sebastián Piñera? Las señales, que vienen desde la campaña misma y que se han visto reforzadas antes y después de asumir el mando, se conectan inequívocamente con la gestión, con el hacer las cosas bien. Es ahí donde este gobierno quiere marcar una diferencia. Y, aunque suene mal decirlo, el terremoto le viene bien, porque le brinda un sentido de gesta a algo que, por sí mismo, resulta frío y distante. Gestionar bien para diferenciarse de administraciones pasadas es una cosa; gestionar bien para reconstruir el país es otra bien distinta.

Desgraciadamente, este mensaje se ha visto un tanto empañado en estas primeras semanas, en parte por autogoles y en parte por errores no forzados. Entre los primeros está el atraso en la venta de Lan que, por más justificado que resulte, deja la sensación de un compromiso no cumplido, lo que no se condice con eso de hacer las cosas bien. Entre los segundos aparecen ciertas desprolijidades que se han observado en algunas designaciones y en la falta de otras, además de errores de coordinación entre autoridades, todo lo cual, sin embargo, puede ser atribuido al período de rodaje de cualquiera nueva administración. Aun así, el acertado modo en que se enfrentó el "día del joven combatiente'' ya va mostrando los resultados que se esperan de esta nueva forma de gobernar.

Con todo, pareciera ser que el mensaje no está siendo aún trabajado de un modo estratégico y consciente. Un mensaje no sólo comunica, sino que inspira. Un mensaje no queda reducido al hacer cosas, sino que es capaz de convocar personas. Un mensaje no se conecta con la razón, sino con la emoción. Un mensaje se expresa no sólo a través de palabras y acciones, sino también de símbolos. Aunque, históricamente, la derecha haya estado más en lo primero que en lo segundo, la reconstrucción nacional es una roca sobre la cual edificar esa catedral, pero hay que mostrar la catedral y no quedarse picando bien las piedras que serán utilizadas en sus muros.

Van apenas tres semanas de gobierno, y en circunstancias muy especiales. Nada. Pero igualmente hay que evitar transformarse en esclavo de la acción, porque el músculo se acostumbra a ello y cierra el espacio a la reflexión. La gracia de Mandela fue que supo combinar muy bien ambos aspectos: la intensidad del hacer cosas con la profundidad del producir cambios en las personas.

Y es que, al final del día, no se trata sólo de la reconstrucción de la casa, sino también del hogar; no es sólo la ciudad, sino también el tejido social; no son sólo los botes, sino también la dignidad de las personas; no es sólo el cuerpo, sino también el alma; no es sólo una cuestión de efectividad gubernamental, sino también de responsabilidad ciudadana; no es sólo hacer las cosas bien, sino también hacer el bien.

¿Qué quiere movilizar este gobierno más allá de la emergencia, incluso más allá de la reconstrucción, e incluso más allá de su propio programa? ¿Cuál es el mensaje que quiere dejar grabado en las mentes y corazones de quienes habitamos esta tierra? Son preguntas que no se pueden soslayar, ni aun a pretexto del terremoto, y que deben ser trabajadas en paralelo con la acción del día a día, levantando la cabeza para ganar perspectiva.